martes, 13 de diciembre de 2011

Yo lo amaba, y el ...

Era una fría tarde otoñal, las hojas caían lentamente de los arboles, el camino, poco a poco comenzaba a teñirse de café, nuestros pasos resonaban en aquel desolado paisaje, eramos solo nosotros, y los arboles...
Hans, aaf... Hans, hacía que mi respiración se acelerase demasiado, que mi piel se sensibilizara con cada rose, y que mis mejillas se sonrojasen con cada mirada...
No era normal, no era normal lo que me pasaba con el, no eran normales esas sensaciones, esos escalofríos, nada... Bueno, el no era normal.
Muchas personas dicen que el destino no existe, que nada esta predeterminado, y yo no lo sabía, ¿Como saberlo?, realmente lo único que sabía era que el llego a mi vida, por una extraña razón , en un extraño lugar, pero en el momento y la ocasión exacta.
Poco a poco nos fuimos acercando, lo fui conociendo sin querer cada vez más... y la vez, sin querer lo fui queriendo más. El no lo sabía, y creo que nunca lo supo, pero cada rose con mi cuerpo, cada respiración en mi oído , cada consejo y  cada mirada me acercaba más a el.
Yo no lo quería, creo, bueno, más bien yo no quería quererlo, sabía que nada funcionaría, estaba convencida de ello, pero seguí, seguí acercándome a el, de a poquito, suave y calmada... sin apuros..
Hans, era un gran hombre, un hombre valiente, audaz, muy pero muy inteligente, sencillo y suave, cálido, muy cálido, una persona que inspira confianza, pero a la vez miedo... Yo no se, si le temía a el, o simplemente me temía a mi, pero temía, tenía miedo, y aún, después de tanto, no se de que...
Aún me complica hablar de él... él es tan especial, tan indescriptible, tan... HANS
Era raro, pero muy poco tiempo después de haberlo conocido ya me causaba algo, ese que se yo que aaaah!  te lleva a la luna ida y vuelta, yo lo quería, lo quería más de lo normal...
Paso el tiempo, y no notaba nada, seguía actuando como siempre, con esa forma suya de ignorarme dándome importancia, con esa forma suya de pasar por mi lado como si no me conociese para luego devolverse y darme un abrazo y un beso por la espalda, con esa forma suya, de hacerme amarlo mientras cada día lo odiaba más...
El, era cambiante, habían días los cuales estábamos juntos, desde la mañana hasta la noche, y a su vez, semanas las cuales no me hablaba, y eso me disgustaba, me disgustaba demasiado, pero a su vez hacía que cada día me enamorara más de el...
Un día, me tire sobre mi cama, con los ojos llorosos, pensando en él, lo extrañaba, lo extrañaba demasiado... y lo amaba, como nunca había amado a alguien...
Aunque esas situaciones me hacían mal, a mi me gustaba amarlo así, amarlo en las sombras de mi soledad, amarlo como su compañera, amarlo extrañándolo, amarlo sin que el supiese... amarlo sola.
Pasaron semanas la cuáles no supe nada de el, paso un día, y otro, y luego la semana y así, fueron... no se.. ¿tres semanas? ¿Un mes?, el cuál me dejo sola, el cuál me abandono por otra que se yo, el cuál lo amé, en silencio, en la soledad de mi cuarto...
Me llamo, un día me llamo, mi respiración se acelero, mi corazón latía tan rápidamente que ni lo sentía, mis ojos, brillaban con una alegría que hace tiempo que había sentido, el me llamó, y yo le conteste...
Me pidió que nos juntáramos, a las 4 en un café, estuve desde las 12 del día arreglándome, buscando que ponerme, que hacerme en mi rojizo cabello, zapatos, bolso, etc, 3 o 4 horas  desperdiciadas, ¿Para que? para terminar poniendome un viejo vestido con unos zapatos de tacón...
Era una fría tarde otoñal, las hojas caían lentamente de los arboles, el camino, poco a poco comenzaba a teñirse de café, nuestros pasos resonaban en aquel desolado paisaje, eramos solo nosotros, y los arboles...
El caminaba a mi lado, paso mucho tiempo en el cuál no cruzábamos una palabra, y nos comunicábamos con la suave caricia de una mirada...
El me abrazo, y yo lo abrasé a el... yo lo amaba y en el fondo sabía que el me amaba a mi...
Tomó mis manos, me miro a los ojos, y sin decir nada, me dio un cálido y suave beso...
No pude evitar sonrojarme, y mis ojos no pudieron evitar soltar una lagrima... yo lo amaba, y el también a mi.
 Era una fría tarde otoñal, las hojas caían lentamente de los arboles, el camino, poco a poco comenzaba a teñirse de café, nuestros pasos resonaban en aquel desolado paisaje, eramos solo nosotros, abrazados en medio de los arboles...
Hans, es el hombre que amo... y yo... soy la mujer que ama...

 

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Kaamiilaa